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Imagen "Boy's feet", de Dominio Público. Fuente: Wikipedia (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Boy%27s_Feet.jpg)

Imagen “Boy’s feet”, de Dominio Público. Fuente: Wikipedia (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Boy%27s_Feet.jpg)

Es necesario tener cada día un poco de motivación y de esperanza. Por muy mal que te vayan las cosas, es bien seguro que muchos tienen peor suerte que tú. Bien es seguro que aquello que te aflije es una minucia en comparación con aquello que llena tu vida.

Cuando tenía 19 años, sufrí una gran crisis emocional por culpa de una ruptura amorosa, unido a mis dudas sobre mi futuro y los pensamientos negativos y destructivos que tenía sobre mí mismo y el mundo en general.

Cierto día, mientras caminaba por la calle sumido en pensamientos suicidas, ocurrió algo que no se ha borrado jamás de mi memoria.

De repente, todo quedó sumido en el más absoluto silencio. Ni un coche, ni un pájaro, nii un perro… NADA. Dos chicos de mi edad venían por el medio de la calle, acercándose hacia mi a cámara lenta y en un silencio sepulcral, como si fuese una película muda. Uno de ellos era parapléjico, sentado en una silla de ruedas. El otro empujaba a su compañero como si estuvieran echando una carrera. Ambos jugaban, reían y eran felices, ajenos a todas mis estúpidas preocupaciones y desdichas.

¿Por qué yo, con unos pies que me llevaban a donde quería, con una salud de hierro y toda una vida por delante, era más infeliz que otra persona que no podría correr como yo, que no podría bailar con una chica como yo y que no podría hacer una vida normal en las mismas condiciones que yo?

Aquella escena me enseñó que la felicidad o la desgracia depende de la percepción que tengas de las circunstancias, y de la actitud con la que reaccionas. Eres tan feliz o infeliz como tú quieres ser. Ante una determinada circunstancia siempre tienes la elección de qué hacer en consecuencia.

Desde entonces recordé siempre esta frase: “Me lamentaba por no tener dinero para comprar unos zapatos, hasta que conocí a alguien que no tenía pies”.

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