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Imagen: Victoria on top of the Berlin Victory Column in Berlin/Germany. Fuente: Wikimedia - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Berlin_Siegessaule_-_Victory_golden_statue.jpg

Imagen: Victoria on top of the Berlin Victory Column in Berlin/Germany. Fuente: Wikimedia – http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Berlin_Siegessaule_-_Victory_golden_statue.jpg

En todo hecho hay una causa (por qué (se hizo)), un efecto (qué (se hizo)) y una acción (cómo (se hizo)). Pero cuando se trata de un proyecto, de algo que aún está por hacer, la acción aún no existe y es necesario provocarla.

La palabra motivación proviene del latín “motivus”, que significa “causa del movimiento”. Según la Real Academia Española, la palabra “motivo” significa “causa o razón que mueve para algo”. Por tanto, necesitamos un motivo para motivar.

Cuando sepas por qué hay que hacer algo (causa), podrás proponer qué hay que hacer al respecto (objetivo o efecto). Ahí ya obtienes el motivo para hacerlo.

Pero no todos los motivos son igual de motivadores. Para que la motivación sea poderosa, el motivo debe ser, ante todo, algo que nos afecte e implique lo más directamente posible para poder sentirlo, asimilarlo y aceptarlo. El motivo ha de ser claro, sencillo, conciso, importante y tangible. Para motivar a las personas, la causa ha de ser importante para todos y el objetivo ha de ser un desafío posible para que sea convincente.

“Dame un motivo y una motivación y cambiaré el mundo”.- Rafael Hernampérez

 

¿Qué necesitas para motivarte? ¿Cómo debería ser el motivo que motive?

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