Para no fracasar hemos de controlarlo todo. Así nos lo inculcan desde niños. Así nos lo exigen en el trabajo. Así nos lo plantean en cualquier disciplina. Pero es una batalla perdida: el control absoluto es una quimera.

La naturaleza del mundo es impredecible. La experiencia te dotará de cierta intuición para anticiparte a los patrones más comunes. Pero, por mucha experiencia y conocimientos que tengas, siempre habrá excepciones para las cuales nunca estarás preparado.

El control exige mucho esfuerzo, mucha constancia y una gran motivación. El control es el intento de una mente limitada para limitar lo que por naturaleza es ilimitado. Cuando una excepción rebasa la debilidad de esas limitaciones, llegan las frustraciones y el fracaso.

La obsesión por el control puede llevarte a acumular cosas por si algún día pudiera suceder algo excepcional. Lo más sensato sería adquirir esas cosas y tomar esas acciones únicamente cuando se presenten y sean necesarias.

Acepta que el mundo tiene posibilidades ilimitadas. Simplifica e intenta controlar sólo los patrones más importantes, lo que más te afecta, lo que más te impacta, lo que está dentro de tu limitado alcance. No te compliques en controlarlo todo, pues por muchas cámaras que instales, tus ojos sólo pueden mirar una cosa cada vez.

Vive prestando atención a lo más probable y prepárate para aceptar lo improbable.

 

 

¿Crees que en el control absoluto? ¿Qué crees que se puede controlar? ¿Hemos de vivir celosos del control? ¿Cuál es tu opinión?

 

 

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