Las etiquetas son un valioso recurso de organización, mediante el cual podemos identificar y gestionar rápidamente las tareas de nuestro interés en un momento determinado. Las etiquetas tienen una función muy similar a añadir pestañas identificativas a un libro.

Las etiquetas son vitales para una organización eficiente. También son muy útiles a la hora de buscar, filtrar y consultar históricamente tareas, pudiendo combinar criterios.

A la hora de procesar una tarea asignamos una o varias etiquetas, mediante una única palabra clave precedida de un signo identificativo, comunmente la almohadilla (#).  Las etiquetas se escriben después del nombre de la tarea.

@Oficina – PREPARAR INFORME SEMANAL – #PlanXXX #Informe

@Oficina – DISEÑAR CUADRO MANDO – #Desarrollo #CuadroMando

Es recomendable no utilizar más de tres etiquetas para catalogar una tarea. De hecho, una o dos son más que suficientes, en aras de la simplicidad y de la eficiencia. Utilizar más tiende a complicar su gestión y su mantenimiento.

Para etiquetar una tarea debemos tener muy claro antes qué etiquetas hemos de utilizar. Previamente hay que definir un primer nivel de etiquetas, identificando, en grandes bloques, qué grupos importantes de tareas tenemos. Estos bloques se pueden clasificar por área, plan, proyecto, cliente, etc. Después, identificamos qué tareas recurrentes o rutinarias realizamos dentro del ámbito de los bloques identificados en el primer nivel, tales como informes, comités, reuniones, documentación, etc.

NOTA: Estos criterios de clasificación son los que normalmente utilizo en mi propio escenario. Esto no debe ser una regla ni limitar nuestro propio criterio. Nadie mejor que nosotros mismos conoce nuestra situación ni el criterio más adecuado.

 

 

¿Cómo utilizas las etiquetas? ¿Cuás es tu criterio para organizar etiquetas? ¿Conoces algún uso adicional de las etiquetas?

 

 

Read this post in EnglishRead this post in English

Anuncios