Illa de Arousa

Vivimos en un momento de incertidumbres y de cambios frenéticos y continuos, los cuales rompen las reglas de cuanto conocíamos. La crisis ha derrumbado los pilares de la estabilidad y el bienestar de la sociedad y de los mercados, pero también ha generado nuevos paradigmas, nuevas situaciones y nuevas formas de enfocar y de hacer las cosas.

Ante las circunstancias actuales se hace necesario, más que nunca, adquirir una mente fría y abierta. No hemos dejarnos arrastrar por sentimientos ineficaces, tales como “¿por qué me ocurre esto a mí?”, “la culpa es de la crisis, del Gobierno, de la prima de riesgo, de los mercados internacionales…”, “por más que lo intento no lo consigo”, o “¿para qué molestarse si voy a fracasar de todas formas?”. Hemos de estar por encima de todo ello y comprender que es una pérdida de tiempo, aunque se tenga toda la razón del mundo. Y hablando del mundo… éste se mueve sin esperar a nadie.

 

La actitud es la semilla de nuestro destino, la raíz que condiciona nuestras decisiones

Es el momento mirar cara a cara a las circunstancias, en lugar de hablar de ellas. Es el momento de comprender por qué pasa lo que pasa, en lugar de culpar y excusar. Es el momento de adelantarse y predecir a dónde queremos y podemos llegar, en lugar de dejarnos llevar por la corriente del pesimismo. Es el momento de regenerarse, de reinventarse, de adaptarse a la situación, porque ese es el único camino hacia el futuro. Es el momento de ser parte de ese cambio impuesto, de descubrir las nuevas posibilidades que trae consigo y agudizar el ingenio para obtener y ofrecer lo mejor de ellas. Es el momento de liderar una nueva era más sólida y apasionante que la que está pereciendo, y para ello hay que morir y resucitar conceptos e ideas. Es el momento de tomar la determinación de hacerse con el timón y pilotar nuestro barco, sorteando habilidosamente corrientes, vientos y tempestades.

De tu actitud dependerá las decisiones que tomes, y de éstas dependerá tu futuro.

 

El conocimiento dibuja el mapa de nuestro destino

La incertidumbre es la falta de certeza, y ésta, según el diccionario, es “conocimiento seguro y claro de algo. Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar”.

La crisis ha cambiado por completo el escenario en el que actuábamos. Ha cambiado el guión, los personajes, la historia… Ahora no sabemos qué pensar, qué decir ni qué hacer. Este sentimiento es compartido por todos, y parece que todos esperamos a un líder especial que nos conduzca a una solución con un final feliz. Pero mientras esperamos a ese líder, todo sigue cambiando, los vestigios de nuestra vieja obra se van desmoronando y la incertidumbre crece.

No esperemos líderes que nos salven. Seamos los líderes del cambio. Prestemos atención a toda la información que va surgiendo. Conozcamos bien qué está ocurriendo, por qué está ocurriendo, cuál es el origen, cuál es la tendencia, cómo nos afecta, qué nuevas posibilidades hay, qué oportunidades podemos generar, qué experiencias han tenido otros emprendedores y cómo podemos aprovechar todo ello para trazar un nuevo rumbo.

El mundo ha cambiado y el viejo mapa es un recuerdo de una época diferente. Ahora tenemos que descubrir un nuevo mundo del que somos protagonistas, surcar sus aguas, crear senderos, conocer nuevas culturas, adquirir nuevas experiencias…

A medida que se adquiere más conocimiento, conocemos y comprendemos mejor ese océano de incertidumbre. Cada información nos revela un cabo, un golfo, una isla, una carretera, un sendero, una montaña, un río… Cada descubrimiento nos da más confianza, más certeza, más poder de decisión, más capacidad para trazar las estrategias y las rutas de nuestro viaje, y más dominio sobre la situación. Poco a poco, la incertidumbre se diluye en la certidumbre, y la sombra de la crisis se desvanece ante la creciente luz del conocimiento.

 

Osa hacer lo que temes y alcanzarás tu destino

El camino trazado ya no es seguro, y el camino seguro es muy corto. Todo lo que funcionaba ya no funciona. La crisis ha planteado nuevas preguntas a las que dar nuevas respuestas. Los nuevos retos necesitan la imaginación para descubrir la solución a nuevos e intrigantes problemas.

El conocimiento dibuja el mapa, pero el viaje no se hace sobre el papel. Hay que realizar el viaje pisando nuevas tierras, adentrándose en lo desconocido y asumir el riesgo de posibles peligros. La perspectiva de dar el primer paso da vértigo. Temer a lo desconocido es instinto de supervivencia.

A lo largo de nuestras vidas nos hemos enfrentado a situaciones nuevas, las cuales nos han frenado y nos han infundido temor. ¿Quién no recuerda un cambio de clase y de amigos en el colegio? ¿Quién no recuerda una situación de declaración de amor? ¿Quién no recuerda una entrevista de trabajo? El instinto de supervivencia frena el avance para evitar el impacto de un posible fracaso, pero la fuerza del deseo de alcanzar el éxito supera la barrera del miedo. Y una vez superada esta barrera, la autoestima y la autoconfianza brotan como alas para hacernos volar.

No hemos de temer el viaje. Tampoco hemos de temer que las cosas no salgan todo lo bien que esperamos. Lo que hemos de temer es anclarnos en el mismo lugar inestable y condenado en el que la crisis nos ha encontrado.

 

Todos somos parte de la crisis y de su solución

Las crisis son males de muchos y consuelo de ningún tonto. Afectan a millones de seres humanos a lo largo y ancho del planeta. No importa el país, la cultura, el idioma, la raza, el sexo, el estatus, la filosofía, las creencias o el nivel intelectual. A todos nos golpea por igual.

Las crisis se hacen fuertes ante nuestra debilidad humana. Se alimentan de nuestros temores, de nuestra baja autoestima y de nuestra falta de fe. Es muy fácil, en estas circunstancias, aprovecharse de la sensibilidad colectiva y lanzar mensajes negativos. Un simple rumor, aunque sea falso, tiene un efecto devastador.

La crisis también son oportunidades, pues ponen a prueba nuestra capacidad de resiliencia, de sobreponernos a situaciones adversas y de activar nuestro ingenio para sobrevivir. Los cambios producen incertidumbre, filtrando la mediocridad de la genialidad. Los cambios traen nuevas posibilidades y nuevas oportunidades ocultas tras la niebla de nuestros ojos temerosos. Las experiencias para adaptarnos a estos cambios nos hacen más fuertes y sabios que antes.

Es inevitable pasarlo mal hasta que empezamos dominar la situación y vencer a la crisis. Es el precio de nuestro aprendizaje. Pero las crisis empiezan a sucumbir ante una actitud firme que toma la decisión y la determinación de no darse por vencido. Cuanto más se hable y se crea en la crisis, más crisis habrá. Cuanto más se hable de oportunidades y de prosperidad, más nos acercaremos al final feliz de una época trágica pero necesaria que nos hizo mejores.

Pero, lo más importante de todo, es que nuestra actitud, nuestro conocimiento y nuestra osadía para vencer a la crisis, han de ser compartidos y deben motivar e impulsar al resto de personas. Uno sólo puede dar un paso para mejorar por uno mismo ante la crisis. Pero la crisis nos afecta a todos. Todos somos parte de la crisis y de su solución. Hemos de proponer, compartir e impulsar ideas de forma conjunta y participativa. El espíritu colaborativo es la solución final a cualquier crisis.

 

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